La comunidad internacional ha reconocido que la violencia contra mujeres y la violencia contra niñas y niños representan violaciones de los derechos humanos y problemas de la salud pública, con implicaciones para el desarrollo integral, educación e integración social de niñas, niños y adolescentes.
Aún están presentes normas sociales que contribuyen a “normalizar” tanto la violencia contra las mujeres como la violencia contra las niñas y niños, entre ellas: la permisividad del castigo físico; las normas de masculinidad basadas en el control y violencia; priorizar la reputación familiar sobre el cuidado de las personas que sufren violencia; rechazar la igualdad de género.
Las niñas y niños que viven en hogares afectados por la violencia hacia las mujeres tienen mayor probabilidad de sufrir castigo físico que otros niños y niñas.
Las personas y las familias a menudo están expuestas a múltiples formas de violencia que pueden ser difíciles de abordar de manera aislada.
DURANTE EL COVID-19
Las medidas para prevenir la propagación de COVID-19 como la cuarentena y el distanciamiento físico pueden no sólo generar mayores riesgos de violencia contra las mujeres, sino también de violencia contra las niñas y niños.
Durante el confinamiento y las consecuencias derivadas de este, pueden presentarse situaciones estresantes o conflictivas que pueden traducirse en un incremento de la violencia, incluido el castigo corporal, la desatención y aumentar el riesgo de violencia sexual en la pareja íntima y también por parte de las y los adultos hacia niños, niñas y adolescentes.
Es importante tomar en cuenta que la crisis de COVID-19 puede afectar de manera diferenciada a niños y niñas indígenas, del área rural, afrodescendientes, institucionalizados o sin cuidados parentales, o niños y niñas con discapacidad, que pueden quedar aislados, con su educación escolarizada interrumpida, sin acceso a servicios de protección y pueden tornarse más vulnerables a situaciones de pobreza, trabajo infantil, explotación sexual, matrimonios o uniones tempranas, entre otros.
NUESTRO LLAMADO A LA ACCIÓN
Brindar e invertir en los servicios para prevenir y responder a la violencia contra las mujeres, niñas, niños y adolescentes, en su diversidad, que deben ser considerados servicios esenciales y seguir funcionando durante la respuesta al COVID-19.
Trabajar de manera muy estrecha con las organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de mujeres y defensoras de derechos humanos y aumentar su financiación para que puedan desarrollar nuevas modalidades para prevenir y atender la violencia contra las mujeres, niñas y niños en la respuesta al COVID-19 y la recuperación.
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