Reconocer que eres un agente de cambio o emprendedor social no es tan sencillo. No basta con que alguien te diga que lo eres, porque sabes que dicho rol implica más allá que parecer una buena persona con buenas intenciones. Es hasta que buscas dentro de ti y analizas la razón que te ha llevado a ser quien eres, cuando entonces asumes la postura de cambiar positivamente hasta lo más mínimo que sea necesario para tener una mejor comunidad, incluso cuando ello te lleve a deconstruirte a ti mismo. En mi vida he tenido más de una experiencia que me ha impulsado a colaborar en el sector social. Pero vale la pena reflexionar sobre un momento cuya enseñanza me ha llevado a creer en el “Ubuntu” y motivado a seguir.
En 2016 hice mi primer vuelo sola, iba a impartir un taller sobre liderazgo y procesos democráticos en San Cristóbal. Tenía 24 años y me sentía muy poderosa por mi puesto como Coordinadora. A pesar de que soy pequeña de estatura mi reciente cargo y la emoción de viajar sin compañía me dejaba sentir privilegiada. En ese momento no tenía conciencia de ser una agente de cambio. Dos horas de Tuxtla Gutiérrez a San Cristóbal, mientras el autobús caminaba a mi destino yo pensaba en que aquel lugar tenía un cielo y bosque majestuosos además de mucha población indígena. Mi prejuicio fue considerar que por ser de población indígena entonces las personas a quienes daría el taller no sabrían mucho sobre los asuntos políticos. Durante el trayecto observé un pequeño rio de agua que se formaba a las orillas de la carretera gracias a la lluvia que caía, también pensé que no sería necesario preparar una presentación porque asumí que las personas en el evento me preguntarían cosas que ya sabía. Cuando llegué a San Cris me presenté con el organizador del encuentro. Mis prejuicios comenzaron a deshacerse cuando un joven con traje, de estatura promedio y gran conversación me saludó. Caminamos juntos mientras me comentaba que los asistentes habían estudiado algunos puntos importantes desde semanas antes y que tenían muchas preguntas que hacer. La comunidad tenía dudas respecto al proceso de exigir a los presidentes municipales acceso al agua y pavimentación. Yo quería hablar sobre el voto y la importancia de este, pero estando allí me pareció que estaba viendo la democracia desde mis ojos de mujer citadina privilegiada. A pesar de trabajar en una organización civil yo no sabía ni tenía la sensibilidad de entender el mundo con otros lentes. Llegue a la reflexión de que para mi la democracia no era lo mismo que para la comunidad a la que había sido invitada. Lo que expuse no era nuevo ni de gran importancia para lo que se necesitaba en esos momentos, me dijeron que esas pláticas las daba el Instituto Electoral.
Deseaban conocer cosas mucho más específicas y de relevancia para los problemas del lugar. Eran las 6:00pm cuando una mujer de mi estatura con un vestido bordado con lentejuelas me preguntó: A mi casa no llega el agua y ¿me gustaría saber que debo para que el gobierno realice sus labores? En ese momento no tenía respuesta así que me vi en aprietos, pero decidimos que en comunidad realizaríamos una investigación para darle solución. No teníamos acceso a internet, pero logramos realizar una carta pidiendo al presidente municipal su intervención. Después yo me encargaría de mandar el escrito al ejecutivo y darle seguimiento. La conversación se extinguió en un café hasta las 12 am, había tantos problemas que solucionar, injusticias e historias que contar. Entre ellas me enseñaron el origen de la palabra Ubuntu, cuyo significado proviene de África y se refiere a la frase: “Yo soy porque nosotros somos, y dado que somos, entonces yo soy.” Me fui al hotel para reflexionar sobre mi papel esa tarde. No quería ser una predicadora de los asuntos democráticos, no quería implementar mis prejuicios y no quería no tener respuestas. En la madrugada de ese día me propuse implementar soluciones, sostener mis prejuicios, construirme en el papel de una agente de cambio consiente. No sólo por la comunidad de San Cristóbal, sino por el Ubuntu al que pertenezco, porque de donde soy el principal problema es la escasez de agua, ese problema nos unía y definitivamente teníamos que hacer algo. Hace días me inscribí como candidata a presidenta de la comisión comunitaria en mi región y sin duda sigo en contacto con mis amigos de San Cristóbal para apoyar en lo que pueda, desde lejos, pero pensando en nuestras comunidades. Fue un largo viaje de regreso a casa, pero mientras caminaba al autobús que me llevaría al Aeropuerto logré ver un sendero de agua, algo similar al riachuelo que se formaba en la carretera cuando llegue. El agua de alguna forma me invitaba a quedarme para siempre y despertó en mi la sensación de querer encontrar lo que me faltaba: “Ubuntu.”