"Los pequeños actos, cuando se multiplican por millones de personas, pueden transformar el mundo", escuchar esa frase fue crucial para entender que el cielo es el límite para lograr cualquier meta que te propongas.
La ciencia, tecnología e innovación han jugado un papel primordial en la evolución de la sociedad a lo largo de los años. Actualmente es evidente que todavía existe una brecha persistente en las mujeres en la ciencia. Recuerdo muy bien un día en el colegio, yo tenía aproximadamente 10 años, pudo haber sido un día normal para cualquier otro niño, pero para mí fue el inicio de un sueño que estaba dispuesta a lograr. El ejercicio era sencillo, la profesora nos describió en voz alta a una persona destacada en el área científica, sin indicar su género, nos describió sus más importantes logros, reconocimientos y la historia de cómo sus aportaciones fueron claves para la llegada del hombre a la Luna. Nosotros debíamos echar a volar nuestra imaginación y dibujar a esa admirable persona que nuestra profesora había descrito. Éramos treinta alumnos plasmando lo que habíamos escuchado en hojas de papel, veintinueve niños dibujaron a un hombre y yo fui la única que dibujó una científica mujer. La persona de la historia era Katherine Johnson, la heroína matemática que, gracias a su maravillosa capacidad para calcular la trayectoria de los primeros lanzamientos espaciales, contribuyó a poner en órbita el Apolo 11. A tan corta edad decidí que quería aportar algo trascendente al mundo tal y como Katherine lo había hecho, nació mi amor por la ciencia, quise demostrar que cualquier niña es capaz de tocar las estrellas y que la sociedad necesita valorar e idealizar a las mujeres tanto como a los hombres.
Ahora, con veintidós años, soy más de lo que hubiera podido imaginar ese día con diez años en el colegio. Soy orgullosamente una mujer biotecnóloga, visionaria y emprendedora. No solo soy científica, sino que decidí que mis valiosas aportaciones a la ciencia serían para disminuir los nocivos efectos del cambio climático en la tierra, siendo mi pasión impactar positivamente al planeta con mi labor.
Tenemos el tiempo contado para salvar al planeta de una destrucción irreversible. Enamorarme del problema y no de la solución fue detonante para poder ser co-creadora de una tecnología que revoluciona la industria del plástico reinventándolos como bioplásticos. Es así, como mis 5 colegas y yo decidimos emprender y desarrollar un innovador material compostable completamente biodegradable a base de residuos orgánicos, aportando una solución para reducir perjudiciales gases de efecto invernadero y combatir la contaminación por plásticos. Ser latinoamericana y una de las seis mentes que aportó valor a este emprendimiento me llena de dicha pero también me hace ser consciente de los retos reales y globales que los jóvenes debemos resolver, no somos solamente el futuro, somos el presente que transformará el mundo en busca del desarrollo sostenible de las naciones.
¿Imaginan cómo sería un lugar donde todas las personas luchen por un futuro prometedor para todos? Desde 2010, One Young World lo hace realidad. El año pasado, tuve la fortuna ser seleccionada como delegada para asistir y representar a mi país debido a mi arduo trabajo como agente de cambio en el área ambiental. Cada año, One Young World identifica, promueve y conecta a los líderes más talentosos del mundo, organizando diferentes cumbres con el objetivo de inspirar, participar y unirse a la red colaborativa de jóvenes más grande que existe. One Young World es una luz de esperanza para las personas que anhelan un planeta mejor para todos, es fuente de empoderamiento para todo aquel que quiere cambiar la situación actual con grandes ideas, un lugar donde el coraje es una de las cualidades primordiales que caracterizan a los delegados que asisten. Nunca había estado expuesta a una comunidad de jóvenes tan internacional y diversa. Conocí a personas que son fuerzas transformadoras en sus comunidades y generaciones, promueven el cambio y constantemente se preguntan ¿Qué me lo impide?
Los puntos de inflexión son momentos a raíz de los cuales tu vida cambia y nada vuelve a ser como antes. Mi vida se resume en tres momentos decisivos que me convirtieron en changemaker. Decidir que quería ser científica, ser partícipe en el desarrollo de una innovación sustentable que cambia la manera en que los plásticos son producidos y ser embajadora de One Young World; acontecimientos que definieron completamente mi rumbo para bien, me hicieron crecer, así como crear una nueva y mejorada versión de mí.